El Centro Dramático Nacional (CDN) del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM), organismo autónomo del Ministerio de Cultura, ha dado un paso en la reivindicación de la comunidad sorda y en el trabajo hacia una inclusión plena artística. Lo ha hecho a través de la obra de Federico García Lorca, con el estreno de Grito, boda y sangre, el primer montaje en su historia dirigido por una actriz sorda, Ángela Ibáñez Castaño. Ibáñez ha concebido el montaje desde la lengua de signos y la cultura de la comunidad sorda.
En el montaje, dos adolescentes están solas en clase mientras sus compañeros disfrutan de una obra de teatro. Podría parecer que están castigadas, pero no: han decidido refugiarse allí porque son sordas y la obra no es accesible para ellas. Pero en lugar de dejarse dominar por el aburrimiento y el desánimo, optan por echar a volar su imaginación jugando a interpretar Bodas de sangre y otros textos de Federico García Lorca, poeta que representa a quienes han sido históricamente silenciados, como ellas. Esta propuesta no solo es un homenaje al poeta, sino también una declaración de intenciones: la de dos jóvenes que han crecido sin referentes y se rebelan contra una realidad que amenaza sus posibilidades de desarrollo, su acceso a la cultura y su felicidad futura
Lengua de signos y danza signada
Con texto de Iker Azkoitia, dirección de Ángela Ibáñez Castaño, quien ya protagonizó en 2024 La gaviota, otra propuesta inclusiva, y dirección asociada de Julián Fuentes Reta, esta producción del Centro Dramático Nacional ha podido verse hasta el pasado 1 de marzo en el Teatro María Guerrero.
Grito, boda y sangre es un montaje concebido en lengua de signos y que combina elementos visuales con música y lengua oral. Un proyecto que Ibáñez Castaño, quien espera que suponga un antes y un después: «La primera vez que se hace algo en cualquier sitio crea un precedente. Espero que vaya bien y surjan oportunidades para otras personas sordas». Pero no solo es un espectáculo para que «las personas sordas disfruten en igualdad de condiciones», sino que espera que además pueda marcar al público oyente: «Que el mundo y la cultura de las personas sordas sean un descubrimiento y que vean que la lengua de signos tiene riqueza».
Sobre las tablas, la lengua de signos se fusiona con otras formas de expresión como visual vernacular, poesía visual, danza signada, sombras chinescas y títeres, entre otros. Mari López y Emma Vallejo, las actrices que dan vida a los 11 personajes del montaje, explican qué ha supuesto para ellas trabajar con un amplio abanico de artes escénicas: «Son cosas que no hemos hecho nunca antes. Interpretar y formarnos en ello a la vez ha sido nuestro principal reto».